Lo que callan las madres

Este es otro post-protesta sobre lo difícil que es ser madre y lo poco que se habla de ello. Avisados estáis.

Ya sabéis que cuando nació la pequeña llamita me quedé muy sorprendida al darme cuenta de que nadie me había contado el primer mes como madre tal y como es, es decir, horrible. Han pasado ya casi ocho meses desde aquello y cada vez me voy dando más cuenta de que ser madre no es para nada tan idílico como la gente lo pinta. Es bonito, sí. Lo es y mucho, porque de alguna manera hay que compensar todo lo que se lleva por dentro. Todo lo que no se dice.

Y a ver, compensa. Lo bueno compensa lo malo. Pero hoy quiero hablar de lo que no se habla. Empecemos:

 

Lo que se llora cuando empiezan la guardería

 

Habréis leído y os habrán dicho que cuando empiezan la guardería es duro. Que «yo solté una lagrimita al dejarle el primer día». Que «tranquila que se acostumbra».

Voy a comenzar por la palabra «duro». De todas las definiciones de duro me quedo con la séptima en la RAE: violento, cruel, insensible. Suena fuerte, ¿verdad?. Pero normalmente* lo es. Yo no he llorado cuando he dejado a la pequeña en la guardería. No he llorado cuando la he recogido dos horas después con un berrinche descomunal porque sola no sabe dormirse y allí hacen lo que pueden (que obviamente ni se acerca a lo que hace un madre en casa).

He llorado después. Mucho. Cuando he asimilado lo que le estoy haciendo pasar. Que la estoy dejando sola, sin su madre, esa que tantas veces la ha prometido que SIEMPRE va a estar ahí… y no lo está cuando quiere dormir. Que la estoy haciendo llorar, que no estoy cubriendo sus necesidades. Que estoy siendo egoísta porque un bebé de seis meses no necesita para nada ir a la guardería. Que si está allí es por decisión de su madre. Para volver al trabajo. Y ahí va la segunda:

 

Los remordimientos de volver al trabajo

 

¿A cuántos maridos conocéis que se sientan mal por volver al trabajo tras la baja paternal? Seguro que no a muchos. ¿Y a cuántas madres que sí? A pocas también, que por eso escribo este artículo. Porque las madres callan. «Sí, la vuelta el trabajo es dura». Otra vez vuelven a soltarte esa palabra y otra vez yo me quedo con cara de pensar «bueno claro, es que ahora además de ocuparte de la casa y de tu hijo también tienes que trabajar. Es mucha carga mental».

Pfff, qué ingenua. Lo peor no es el trabajar. Llevamos años trabajando, sabemos qué hacer y cómo sin casi ni pensarlo. Lo peor es el pensar en que has abandonado a tu bebé en una guardería sólo para volver a trabajar. Para recuperar tu vida, esa que en otro momento de promesas también dijiste que dedicarías en exclusiva a cuidarle. Esa vida que sabes que ahora es secundaria porque tu bebé es lo primero para ti. Y sin embargo estás poniendo tu trabajo por encima de él…

Sí. Tu cabeza te da vueltas cuando lo piensas y te sientes una traidora. Una egoísta traidora y mentirosa y por supuesto, mala madre. Una lista de sentimientos nada agradables y muy difíciles de gestionar.

frustracion maternidad

 

La soledad de cuidar de tu hijo

 

Otro tema peliagudo. Aquí hablo de parejas con hijos, no de familias monoparentales. Parejas que han decidido ambos tener un bebé que «llene de ilusión sus vidas». Un bebé para criar juntos, para educarlo, para quererlo. Y sí, claro, los padres le quieren mucho. Eso no lo voy a negar.

Pero el 90% de la carga de cuidados del bebé recae sobre la madre. El saber a qué hora se duerme, cuándo come, cuándo se le ha cambiado de pañal, si ha hecho caca o pis, qué va a ponerse de ropa, si hay que lavar su ropita, si le han salido granitos, o si está más irritable, los ratos de juegos…

Toda esa carga invisible, nos guste o no, suele recaer sobre la madre. Una carga mental añadida a la de tener que organizar la casa (os dejo aquí un artículo muy bueno sobre este tema).

Muchas veces nos sentimos solas e incomprendidas y el motivo es tan simple como eso: realizamos un trabajo extra que nuestras parejas no suelen darse cuenta y no entienden. Para ellos suele ser de lo más normal que muchas cosas de casa se hagan «solas».

«Los hijos son de la madre» me han confesado varias madres cuando les he contado cómo me sentía en alguna ocasión. Tras larga conversación, claro está… porque si no de entrada, las madres callan.

 

El eterno sentimiento de culpa

 

Sentirte mal por todo. Si haces colecho porque «nunca le echarás de la cama». Si le dejas llorar para enseñarle a dormir porque «le estás creando un trauma». Si le duermes en brazos porque «jamás aprenderá a dormirse solo». Si le das purés porque «luego tardan más en aprender a masticar». Si haces BLW porque «ay como se atragante». Si quieres quedarte en casa porque «es que los niños tienen que estar en la calle». Si quieres irte de viaje «qué necesidad habrá». Si trabajas porque «le abandonas y te pierdes cosas». Si no trabajas porque «mira qué bien vives de vacaciones» (esto da para otro post).

Prepárate para ser juzgada y sentirte fatal por cada decisión que tomes. Y eso nadie te lo cuenta, que vas a pensar que haces todo, absolutamente todo, mal.


De todas maneras si algo he aprendido en esto de la maternidad es que TODO pasa. Todo mal sentimiento termina. Toda gran crisis (guardería, virus, no dormir, lloros, agobios, soledad…) tiene su fin. Igual que ese horrible primer mes. Y sobretodo he aprendido que cuando se mira hacia atrás nada parece tan tremendo.

Pero si ahora mismo te encuentras fatal espero que este post te ayude a saber que no estás sola.

¿Eres una madre que también calla? Desahógate en los comentarios 🙂

 

*Es un artículo que al igual que otros ya escritos anteriormente, generaliza las situaciones. Por supuesto que hay niños maravillosos que duermen solos desde el primer día. Niños que no regurgitan. Que no extrañan a otras personas. Que no lloran a no ser que tengan hambre o sueño. Que se adaptan a la guardería perfectamente. Madres que disfrutan porque por su manera de ser y/o por la de sus hijos disfrutan de la maternidad desde el minuto 1. Padres involucrados en la crianza de sus hijos igual o más que las madres. Hay madres que no callan porque no tienen necesidad. Pero son una minoría… y lo sabemos.

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