Mi embarazo – experiencia

No tenía yo pensado escribir sobre mi embarazo en este blog pero creo que me ha pasado de todo y siempre he dicho que hay cosas que es mejor sacar. Y para mi no hay mejor manera que escribirlas.

Redacto esto aún estando embarazada, aunque supongo que lo publicaré más adelante, cuando #LaPequeñaLlamita esté fuera y me deje un rato de respiro (allá dentro de 20 años o así, ¿no?)

Este embarazo no ha sido para nada uno de esos maravillosos que cuenta la gente. Me he sentido un bicho raro durante varios meses, hasta que me he atrevido a empezar a quejarme en condiciones y he recibido un montón de comentarios de apoyo. De apoyo, de comprensión y de «ay, me sentía igual que tú estando embarazada». Un completo alivio.

Y por eso quiero escribir este post. Porque nada ha salido bien a la primera. Y os doy una pila de motivos, además ordenados cronológicamente, para que me digáis si es cierto o soy una exagerada.

 

Primer mes de mi embarazo

Ahí estaba yo, esperando en la consulta de ginecología. Hacía apenas una semana que el test de embarazo ¡por fin! había dado positivo. Casualidad que tuviera esa cita programada desde hacía 3 meses… mira, genial, así me van controlando y yo me voy tranquila a casa. Porque me dirán que todo está bien, ¿a que sí?.

Pues, ¡no!. No dicen que esté mal pero tampoco que esté bien. Simplemente al hacerme una eco me indican que puede haber un embarazo ectópico. Empezamos mal y pronto… análisis de sangre para comprobar el nivel de hormona HCG y a esperar una semana los resultados.

Salieron bien. Ya os he hecho spoiler antes: al final, todo sale bien. Al principio, no.

experiencia embarazo

 

Segundo mes de embarazo

Día 1: «Yo creo que la coliflor de hoy no me ha sentado muy bien, me repite muchísimo, es como si tuviera ganas de vomitar».

Día 2: «Pff no sé, sigo revuelta. Creo que el desayuno no me ha sentado muy bien. Tengo ganas como de vomitar pero no vomito».

Día 3: «Pues no sé, si estoy haciendo dieta de enferma y sigo encontrándome mal… ¿qué me pasará?»

Se me ocurre googlear síntomas del embarazo (porque lo de pensar no va mucho conmigo, que vosotros seguro que lo habéis deducido ya) y ahí está la respuesta. Náuseas. Lo que tengo son náuseas. 24 horas al día. Gracias a dios no se convierten en vómitos pero me paso el día bebiendo agua y comiendo. Como cada hora. Bebo entre horas. Por la noche me despiertan las náuseas. Sigo bebiendo agua. Nunca he bebido tanto, ni estando de vacaciones en Asia.

Aquí comienzo también a disfrutar de otro privilegio de estar embarazada: el dolor de espalda.

Y fui a hacer la primera visita a la matrona. Demasiada información junta y pocas dudas resueltas. Lo único que me quedó claro es que algo que no es normal en el embarazo es sangrar. ¿Adivináis quién se fue a urgencias después de un ligero sangrado?

No os preocupéis, lo achacaron a alguna irregularidad hormonal. Todo estaba perfecto.

 

Tercer mes de mi embarazo

Las náuseas siguen siendo mis compañeras fieles. Igual que el dolor de espalda que casi me impide levantarme de la cama por las mañanas. Tengo que hacer estiramientos diarios si quiero poder moverme sin dolor. Y caminar cada día, claro, porque las embarazadas tienen que caminar.

En la semana 13 (que roza el fin del tercer mes y principio del cuarto) voy a que me hagan la ecografía del primer trimestre, también llamado triple screening. En él valoran si el feto está formándose adecuadamente y evalúan las posibilidades que existen de que sufra algún tipo de anomalía genética (como por ejemplo síndrome de Down).

Salió riesgo alto.

 

Cuarto mes de embarazo

Así que con riesgo alto, ¿qué toca? Análisis de nuevo (es el cuarto del embarazo ya) para realizar un cribado de ADN. Esta prueba es mucho más fiable que los marcadores que utilizan para calcular el riesgo de anomalías en el triple screening, así que allá vamos.

Los resultados tardan en llegar más de 3 semanas, pero cuando me los dan puedo respirar con un poco de tranquilidad. Son negativos, así que no hay nada de qué alarmarse.

Parece que todo mejora: yo cada vez tengo menos náuseas y el dolor de espalda lo mantengo a raya con ejercicios diarios. Además, nos vamos a Viena de viaje. ¿Qué más podemos pedir?

Quinto mes de mi embarazo

No tengo náuseas, ya no. Pero el dolor de espalda es insoportable al final de cada día. Además acaba de hacer aparición algo con lo que no contaba hasta después del parto: el insomnio.

Llevo ya 3 meses que me despierto con náuseas dos o tres veces por la noche pero bebiendo un poco de agua se me pasa y me quedo dormida al instante. Pero esto es diferente. Esto es lo que la gente llama insomnio y yo no había experimentado jamás. Despertarte a las 2 de la mañana y estar dos horas y media despierta. Sin nada más que hacer. Simplemente estando.

Divertidísimo.

La única novedad es la ecografía morfológica. Es alucinante ver que dentro de tu barriga tienes un ser ya formado, con su corazón, sus huesos, costillas, órganos internos… Increíble. Además fue la primera consulta en la que no me dieron malas noticias. ¡Ole!

experiencia embarazo
Podría ser yo disfrutando del embarazo, pero no, no lo soy.

 

Sexto mes de mi embarazo

Toca la prueba de la glucosa. «Pues el líquido no era tan asqueroso como me habían dicho». Y eso es lo único que puedo decir bueno sobre la prueba porque… claro, si ya lo sabíais. Salió muy alta así que me tocó hacer la curva larga de la glucosa. Ya es lo que me faltaba… tener diabetes gestacional.

Para olvidar un poco las penas nos marchamos 3 días a Islandia. Pero de poco sirvió. Al volver, todos los problemas seguían ahí.

De nuevo la segunda prueba confirmó que no todo era tan malo como parecía a priori. Pero tampoco bueno del todo. Había engordado demasiado… de hecho había engordado todo lo que podía engordar antes del parto. Y aún quedaban 3 meses largos hasta esa fecha.

Me llevo buenas broncas por parte de todos los médicos que me ven. Me hacen retirar el azúcar lo más posible. Me explican los riesgos que hay. También explican el motivo de mis mareos (¿os había dicho que me mareaba a veces? Pues sí). Me dicen que tengo que caminar. Ah, además tengo una gran anemia ferropénica.

Decido pedir una baja por enfermedad porque estoy llegando a un punto físico y psicológico en el que no puedo compatibilizar una vida tan sumamente sana y regida por horarios con mi trabajo, que es bastante demandante.

Y suerte que lo hice, porque desde entonces he tenido una media de 2-3 consultas por semana. Como digo, de media. Ha habido semanas en las que he estado todos los días en el médico.

 

Séptimo mes de mi embarazo

Tanto el insomnio, como el no poder comer azúcar, como el hacer 5 comidas diarias, como el dolor de espalda y el tener que caminar se llevan mejor cuando tienes más tiempo libre.

No todo es maravilloso porque descubro la ciática y la imposibilidad de dormir de un lado más de una hora seguida. Me duele del glúteo al pie. Calambres en las piernas aparte. Pero no pasa nada. Lo único que tengo que hacer es cuidarme.

Comienzo también las clases de preparación al parto. Escribiré sobre ellas porque me ha parecido una de las mejores ideas que he tenido durante mi embarazo: acudir a ellas.

 

Octavo mes de mi embarazo

Toca análisis de nuevo. Bien, he recuperado algo de ferritina, he mantenido el peso de hace dos meses aunque el feto sigue creciendo y engordando pero… viene de nalgas.

Me indican que vuelva en la semana 36 a ver si se ha girado. ¿Creéis que lo hizo? Pues no. Pues claro que no.

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Esa cigüeña, ¡que llegue ya!

 

Noveno mes de mi embarazo

La propuesta para colocarla cabeza abajo es realizar una versión cefálica externa. A lo que accedo después de informarme y de otro par de consultas más. Ya os conté en el post qué es y cómo fue mi versión cefálica externa.

Si no queréis leerlo (que no os cuesta nada caray) os adelanto que sí, la giraron. Y sí, recomiendo hacerlo.

A partir de esa semana (era casi la 38) me tocó ir cada pocos días a monitores.

Desesperada, cansada, con dolores y demás llegué a mi fecha probable de parto, lo que comúnmente se llama «salir de cuentas». Y yo salí de cuentas pero la niña no tenía pinta ninguna de querer salir.

Si queréis saber cómo terminó la historia, no os perdáis el próximo post: mi primer mes como madre.


¿Habéis experimentado alguno de estos síntomas durante el embarazo?

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